La conciencia de los grandes defraudadores

ARTÍCULO OPINIÓN de

MANU AYERDI

Decía hace unos días el Sr. Miranda que la amnistía fiscal del Gobierno del PP va dirigida a los grandes defraudadores que tienen cuentas bancarias secretas en el extranjero y dinero en cajas fuertes en sus casas o en bancos españoles.  El Sr. Miranda justificaba la medida señalando que son defraudadores prácticamente inalcanzables para Hacienda – “ese dinero es ilocalizable para Hacienda, salvo casos excepcionales”, decía – y venía a insinuar que en la práctica, más vale ser pragmáticos y hacer que ese dinero vuelva a circular.

Continuaba sus reflexiones el Sr. Miranda apuntando que en caso contrario esos grandes defraudadores van a seguir defraudando más y más y terminaba, para mi perplejidad, aludiendo a su conciencia.

¿Qué tiene que ver aquí la conciencia cuando de lo que estamos hablando es de ofrecerle una ganga a un defraudador para que regularice su situación porque nos interesa recaudar? ¿Al hablar de conciencia hablamos de los valores y la reflexión sobre lo que está bien o mal?

No nos olvidemos de una cosa: las personas que han abierto una cuenta en Suiza o que han guardado importantes cantidades en efectivo en cajas fuertes en su casa o en un banco, fruto de negocios no declarados, tomaron libremente esa decisión, sobre la base de que no querían pagar impuestos y asumieron el riesgo correspondiente. Esa decisión sí que la tomaron en conciencia. Esa decisión sí que fue reflejo de sus valores.

Es más, imagino que, en la práctica, no fue una decisión, sino muchas decisiones a lo largo del tiempo. Imagino que uno no abre una cuenta en Suiza con un ingreso inicial y ya está, sino que sigue generando e ingresando fondos no declarados a lo largo del tiempo. Supongo que lo mismo si uno se pone una caja fuerte en casa o la alquila en un banco. Por lo tanto, esa serie de decisiones muestran la escala de valores de quienes las practican, no en un momento dado, sino a lo largo del tiempo.

Es verdad que cualquier persona puede cambiar a lo largo del tiempo. También en lo que se refiere a su compromiso social en materia de cumplimiento de sus obligaciones fiscales. Sin embargo, no nos engañemos.  El defraudador que realmente se sienta mal y culpable por lo que ha hecho no necesita que le pongan este supercaramelo del 10% para regularizar su situación. En Hacienda ya existen cauces para que cualquier persona presente una declaración complementaria y pague lo que tenía que haber pagado y no ha pagado.

En general, no estamos hablando del que se ha arrepentido de defraudar y ahora ya es una persona comprometida al máximo con el cumplimiento de sus obligaciones fiscales. En su inmensa mayoría estamos hablando de la persona que sigue pensando que pagar impuestos es un enorme fastidio pero está preocupado porque cree que le pueden pillar. Nos referimos al que cuando ha defraudado se sentía a salvo del radar de Hacienda y ahora poco a poco va pensando que se ha metido en un lío y no encuentra la puerta para salir.

Decía el Sr. Miranda que, si no se aprueba la amnistía fiscal, los defraudadores seguirán defraudando y prácticamente, como está demostrado, no pasará nada. El problema es que el defraudador seguirá defraudando, con o sin amnistía fiscal. Es más, los defraudadores que se acojan a la amnistía fiscal, seguirán defraudando y ya veremos si incluso con más fuerza. No lo harán con ese dinero, pero intentarán hacerlo con nuevos fondos que generen en el futuro. Sus valores siguen siendo los mismos. Y se habrán reforzado, ya que, para ellos, un “módico” peaje del 10% cada cierto número de años, puede ser considerado más que razonable. No habremos conseguido ciudadanos sinceramente comprometidos con el cumplimiento de sus obligaciones fiscales.

Con lo que sí estoy de acuerdo con el Sr. Miranda es en no entender cómo no se había introducido antes la medida por la cual el dinero oculto no prescribe. Es decir, hasta ahora, si Hacienda descubría ese dinero oculto y el defraudador podía acreditar que lo había generado antes de determinada fecha, no podía ser sancionado porque ese delito había prescrito. A partir de ahora eso ya no va a ser así. Un cambio, sin ninguna duda, imprescindible.

Lo que sigo sin entender es cómo, en el mundo en el que vivimos, puede haber lugares, como Suiza, donde alguien puede llegar con una maleta llena de billetes, crear una cuenta bancaria y tener la seguridad de que esa cuenta es secreta ante los requerimientos de las autoridades tributarias de otros países. Una cosa es que haya países donde la tributación sea menor que en otros – lo cual es también enormemente discutible y, en el extremo de los paraísos fiscales,  muy condenable -, y otra cosa es que, además, existan países que, a través del secreto bancario, puedan dar cabida a rentas generadas en otros países que no han sido declaradas en sus haciendas de origen. Éste, sin ninguna duda, es uno de los retos pendientes.

De la misma forma que me resulta incomprensible que no exista una ley que obligue a las entidades financieras que alquilan cajas fuertes a sus clientes, a garantizar que no son utilizadas para guardar dinero en efectivo. Estoy seguro de que los beneficios de los bancos no dependen de que no se derrumben las comisiones que cobran por alquiler de cajas fuertes.

En definitiva, quiero hacer constar mi más rotundo rechazo a la amnistía fiscal y la exigencia de nuevas medidas de lucha contra el fraude.

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2 Respuestas a “La conciencia de los grandes defraudadores

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