¿Hacia un nuevo tiempo en Navarra? (I)

ayerdi_1Por Manu Ayerdi, Presidente de EAJ-PNV de Nafarroa y Parlamentario de Geroa Bai

“Estos años de profunda crisis nos están sirviendo para tomar verdadera conciencia de las líneas del campo de juego en el que nos movemos.

De una parte, el corsé que supone nuestra relación con el Estado. En primer lugar, y como elemento central, la ley de estabilidad presupuestaria con sus objetivos anuales de déficit y de deuda. Europa impone al Estado unas condiciones presupuestarias a cambio de ayuda y el Estado, unilateralmente, reparte las exigencias europeas entre la propia Administración Central, las autonomías y las entidades locales. Así, Navarra se encuentra cada año con un objetivo de déficit que no puede discutir. En 2012, el 1,5%, en 2013, el 0,7%.

En segundo lugar, un sistema fiscal propio pero con severas limitaciones. En los impuestos indirectos, IVA y especiales, más del 50% de la recaudación total, 1.540 millones en 2012; las normas en Navarra son al milímetro las que marca el Estado. En los impuestos directos, IRPF, Sociedades, Sucesiones y Patrimonio, 1.410 millones en 2012, de los cuales aproximadamente 1.000 son rentas salariales; tenemos capacidad de establecer nuestras propias normas, pero con una filosofía esencial: la presión fiscal global que soporta un ciudadano navarro debe ser equivalente a la que soporta un ciudadano del resto del Estado, sin ninguna referencia a lo que pase en Europa.

En tercer lugar, una cuota anual a pagar de unos 500 millones por los servicios teóricamente recibidos por la ciudadanía navarra abonados por el Estado, derivados de las competencias que se reserva el Estado. En 2015 toca revisar con el Estado la fórmula y la cuantía base.

En cuarto lugar, la gestión de la Seguridad Social, tanto de las aportaciones como de las prestaciones, es competencia del Estado. Los ingresos de la Seguridad Social en Navarra en 2012 presumiblemente se habrán movido en torno a los 1.350 millones de euros.

En quinto lugar, la capacidad del Estado de regular como legislación básica y, por lo tanto, como de obligado cumplimiento en Navarra, cualquier cuestión, con el argumento de que se refiere a la ordenación general de la economía. No basta con que por nuestra cuenta cumplamos los objetivos de estabilidad presupuestaria. Nos tienen que decir cómo, como si la misma receta fuera aplicable a todas las comunidades autónomas. Lo hemos vivido con varios casos, como la famosa extra de Navidad de los empleados públicos, y, por desgracia, en breve parece que tendremos otro ejemplo con la reorganización del mapa local.

De otra parte, una sociedad navarra caracterizada también por una diversidad política en lo que se refiere al sentimiento español o vasco. Los primeros se muestran cómodos con el marco institucional vigente y no quieren cambios; los segundos aspiramos a que la sociedad navarra pueda decidir libremente en qué marco quiere vivir.

A todo ello ha de sumársele el cambio tecnológico, la profunda crisis de nuestro modelo productivo y la debacle del sector financiero. Navarra tenía un sector de la construcción sobredimensionado y un sector industrial que, en algunas actividades, era de un perfil tecnológico no muy elevado y ha sido barrido por empresas de economías emergentes que han venido para quedarse. Por otra parte, la economía navarra tiene una excesiva dependencia del mercado español, un mercado que ha sufrido la crisis todavía con más dureza que el navarro. Todo ello ha tenido un impacto enorme en un sector servicios que, en gran medida, vivía a la sombra del resto. La consecuencia dramática es el desempleo. Es preciso trabajar en el nuevo modelo productivo y en la consolidación de nuestras empresas en nuevos mercados. Ello exige inversiones bien orientadas en el sistema educativo, en la formación permanente de nuestra población activa, en I+D+i y emprendimiento y en la internacionalización y en el acceso a financiación de nuestras empresas.

La consecuencia directa está siendo contundente: disminución importante de las recaudaciones fiscales, presión a la baja en las prestaciones del Estado de bienestar y reducciones en los esfuerzos presupuestarios en los elementos claves para preparar nuestro futuro. Junto a todo ello, un cambio demográfico con un envejecimiento brutal que, sin duda, tendrá impactos todavía más significativos a medio y largo plazo.

Y, por último, y no por ello menos importante, una sociedad con un porcentaje no determinado pero significativo, según las opiniones de todos los expertos y también de los propios ciudadanos, de economía sumergida y de fraude fiscal, fruto, en la mayoría de los casos, de una cultura en la que priman los intereses individuales sobre los colectivos. Y, en ese contexto, y para colmo, un entorno en Navarra de clientelismo, falta de transparencia y consiguiente frustración y desconfianza con la clase política, en particular con UPN, y en cierta medida también con el PSN. Todo ello agravado también, y de qué manera, con los escándalos a nivel estatal.

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