‘¿Hacia un nuevo tiempo en Navarra? (II)’

Manu Ayerdi AierdiPor Manu Ayerdi, Presidente de EAJ-PNV Nafarroa y Parlamentario de Geroa Bai

La ciudadanía se siente preocupada por su futuro y está enfadada con sus políticos. Esa preocupación en muchos casos es auténtico miedo. Que se lo digan a los parados, a los desahuciados, a los que ya no tienen la renta básica, o a los que sienten que pueden quedarse rápidamente sin trabajo, sin casa o sin alguna prestación fundamental para seguir viviendo. Pero incluso los que tienen una situación mejor están desconfiados y reducen sus gastos al mínimo ante lo que pueda venir. Se extiende la idea de que el Estado de bienestar se está estrechando y de que quizás no nos ayude si caemos. Ante dicha realidad, cada uno se preocupa de sí mismo y de los suyos: lo mismo el que lo ha perdido todo, como el que todavía tiene algo y tiene miedo de que se lo toquen, como el que tiene mucho. Surge un mecanismo de autodefensa, de conservación muy determinado por una cultura fuertemente individualista-corporativista, mucho más cuando no hay una ilusión común clara que nos una de cara al futuro.

Quienes formamos parte de la llamada clase política tenemos un reto claro: preocuparnos de la Navarra hacia la que tenemos que movernos en los próximos 10 ó 15 años, preocuparnos de las grandes políticas que son necesarias para llegar allí, preocuparnos de las medidas que son necesarias para que ese proceso de cambio, cambio que sin ninguna duda tiene que darse, se haga con las mejores garantías y de la forma más solidaria posible, y, especialmente, contar con la sociedad civil en el proceso, recabando sugerencias y, en todo caso, informando con detalle. Para ello resulta esencial que la ciudadanía confíe, incluso parte de quienes no les votan, en la honorabilidad y en la capacidad de los líderes de la fuerza política que gobierna.

En la práctica, reconozco, sin embargo, que en Navarra no es eso lo que está sucediendo. El liderazgo de UPN se desmorona y el del PSN también está muy tocado. El sufrimiento de los más desamparados -parados, desahuciados, personas sin ningún ingreso-, la crisis interna dentro de UPN, su incapacidad para centrar el debate en el medio y largo plazo, la pelea cortoplacista por el cumplimiento del objetivo de déficit y los conflictos diarios que genera con los diferentes colectivos afectados y la frustración por la pérdida de Caja Navarra y por otras inversiones del pasado lo impregnan todo.

En esta realidad es en la que, también a la oposición, nos toca hacer política en Navarra. Me suelen venir a la memoria con frecuencia dos reflexiones del respetado pensador Daniel Innenarity, cuando señala por un lado que vivimos una coyuntura política en la que, sean del color que sean, los gobiernos resisten y las oposiciones esperan, y cuando, por otro lado, constata que, para muchos ciudadanos, la opción política a la que han votado eran los míos cuando estaban en la oposición y han pasado a ser los otros cuando han llegado a gobernar.

Es evidente que cuando llegas al Gobierno tienes una responsabilidad diferente a la que tenías cuando eras oposición, y sobre todo, tienes a tu alcance los medios humanos, técnicos y materiales para llevar tus propuestas a cabo. También en ese momento accedes a información detallada y actualizada sobre cómo están las cuentas, los contratos y los compromisos asumidos por anteriores responsables, información que en la oposición o no tenías o tenías de forma global y algo retrasada. Es lógico que la toma de conciencia de toda esa realidad fina pueda obligarte a reordenar en cierta manera tus prioridades en el tiempo.

Pero eso no quiere decir que todas las fuerzas políticas lo haríamos igual si accediéramos a gobernar. Todas partiríamos de la misma línea de salida, pero no todas daríamos la misma importancia al medio y largo plazo, todas no definiríamos las mismas líneas estratégicas esenciales, ni todas haríamos la misma apuesta en términos de sistema fiscal y solidaridad. Tampoco todas estaríamos igual de cerca de la sociedad civil informando y recibiendo sugerencias.

En Navarra, 56.000 parados, ya demasiados de ellos de larga duración, muchos provenientes de sectores que ya no volverán a emplearlos, nos recuerdan una y otra vez que no se trata de una crisis coyuntural sino estructural. Necesitamos hacer los cambios necesarios para ser, dentro de 10-15 años, una referencia en Europa. Es posible. Otros lo han hecho. Ello implica actuaciones a largo plazo en el sistema educativo-formativo y en los sistemas de apoyo e impulso de nuestro tejido empresarial, a la vez que planteamientos que garanticen una adecuada cohesión social y una potenciación de nuestra identidad colectiva desde la riqueza que supone nuestra diversidad. Es vital igualmente ir evolucionando a una cultura donde lo colectivo, el proyecto común Navarra, vaya ganando peso en los valores de nuestra ciudadanía frente a lo individual, de forma que, por ejemplo, los comportamientos fraudulentos o sumergidos vayan siendo cada vez más una rareza.

Para todo ello, es fundamental que la clase política genere ilusión y confianza, y goce de una razonable credibilidad, incluso en las coyunturas difíciles. Todos sabemos que la credibilidad y la confianza hay que trabajársela cada día, y que una vez que se pierde, no es fácil recuperarla. Es claro que UPN la ha perdido para una mayoría social. Las opciones políticas que estamos en la oposición tenemos que estar preparadas para asumir el reto de liderar los cambios de los próximos 10-15 años trabajándonos cada día la confianza y la credibilidad de la ciudadanía. En Geroa Bai estamos preparados.

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