‘Lo valioso en juego: educación integradora vs. ley Wert’

GEROABAIPor el Grupo de Educación-Hezkuntza Taldea de Geroa Bai

Aprovechando que el adjetivo alemán “wert” significa valioso, queremos con este artículo llamar la atención sobre el tesoro que puede ser el sistema educativo para una sociedad, sobre algunas carencias y aciertos del que tenemos, y la amenaza que supone el proyecto de Ley de “Mejora”, que habla de méritos y no de oportunidades, de esfuerzo en vez de implicación, de fracaso en vez de desencanto, de excelencia en vez de desarrollo de las capacidades, de respeto en vez de diálogo, y de autoridad, cuando ésta no se impone sino que tiene que ser reconocida.

No es casualidad que los países que disponen de una situación de estabilidad en el terreno educativo obtengan las mejores puntuaciones en las evaluaciones a su alumnado, ni tampoco lo contrario, de lo cual es claro ejemplo el estado español, que acomete ya su séptima reforma en 50 años.

No insistiremos aquí en los múltiples defectos de la LOMCE que se han puesto ya al descubierto, como su premura, su falta de análisis y debate previo; su diagnóstico equivocado tanto en cuanto a resultados y tasas de abandono en algunas CCAA como en el olvido de logros como el de la equidad; su concepción mercantilista y antidemocrática; su apuesta por los recortes y la segregación, por el individualismo y el clasismo, por la uniformización y la recentralización, el autoritarismo, la competitividad, el sexismo, la privatización y el adoctrinamiento. De todos ellos se pueden encontrar numerosas referencias bien razonadas y explicadas.

En el fondo de todo ello late un espíritu revisionista de aspectos positivos que parecían asentados con el advenimiento de la democracia, como fueron un cierto reconocimiento de las culturas y lenguas autonómicas, la universalización del derecho a la educación hasta edades más avanzadas, la orientación del mismo hacia un objetivo de desarrollo personal y social y no tanto hacia los fines de la revolución neoliberal rampante desde la era de Tatcher y Reagan. En este sentido han sido muchos los avances que hemos experimentado en la escuela en el último medio siglo, con la contribución de muchos colectivos, en especial del docente.

También en Navarra podemos decir que desde el fin de la dictadura ha habido una mejora sustancial en el sistema educativo, y que las sucesivas cohortes demográficas han contado con más medios para alcanzar unos más elevados objetivos. Junto a esto, nuestra comunidad se ha distinguido respecto a las demás por una especial falta de cohesión en el sistema educativo, carencia que en nuestra opinión hunde sus raíces en la especialmente errática transición que padecimos.

Aquí ni hubo consenso ni refrendo popular del marco de convivencia postfranquista. Bien porque pervivió la violencia de motivación política y el sector que aspiraba a la ruptura se automarginó, bien porque las fuerzas de vocación estatal que se hicieron con el control de las instituciones excluyeron a los demás, el resultado es que fuimos la única comunidad autónoma en la que su lengua propia no se asumió como patrimonio común y por tanto extensible a toda la ciudadanía desde la infancia a través del sistema educativo, entre otros medios.

Los sucesivos intentos de superar esta carencia tan básica, mediante la articulación de mayorías transversales, han sido siempre efímeros cuando no non-natos, por mor de los poderes fácticos situados en los extremos. Y cuando por fin uno de los azotes llega al ocaso, y el régimen se tambalea ostensiblemente, cuando una alternativa sólida a este estado de cosas se empieza a fraguar, la amenaza de un proceso recentralizador y revisionista del estado del bienestar se nos presenta a esta ciudadanía tantos años expectante, y crecientemente movilizada ante los recortes.

En este contexto, la LOMCE viene a profundizar en la carencia más grave de un sistema educativo navarro que de por sí ya es especialmente segregador en función de la religión, la zona, la raza, el sexo, el modelo pedagógico y el lingüístico. Dedicaremos la segunda parte de este artículo a incidir en el último de estos rasgos.

Dice la Ley del Vascuence que las lenguas son soporte fundamental de la vida social, elemento de identificación colectiva y factor de convivencia y entendimiento entre los miembros de las sociedades. Al mismo tiempo, las lenguas son símbolo y testimonio de la historia propia, en la medida que recogen, conservan y transmiten a lo largo de las generaciones la experiencia colectiva de los pueblos que las emplean.

Lejos de esta visión, desde la caída del gobierno tripartito en 1996, el partido en el poder y la élite que lo sustenta han distorsionando un sistema educativo que llevaba una evolución que no le convenía a sus intereses partidistas, pues crecían año a año los modelos A y D (con y en euskera respectivamente) que se derivaron de la Ley del 86, que además no suponían merma para el aprendizaje del castellano ni del inglés.

Desde el partido gobernante, que en su día votó en contra de aquella ley, se ha ido incluso contra su letra y espíritu más conservador, y se ha utilizado el inglés como un arma potente. Así el alumnado ve que la Escuela le socializa no en las dos lenguas propias y ambientales, sino en una lengua franca, ante lo que los lingüistas declaran que resulta incontestable que el momento mejor para profundizar en el aprendizaje de lenguas extranjeras es la adolescencia, cuando enganchan con una fuerte motivación. Hay criaturas que debido a estos experimentos, se ven pronto necesitados de apoyos, cuando nunca los hubieran debido precisar, resultando finalmente monolingües y rebotados contra los idiomas.

El trastorno en el sistema se empieza a ver que afecta también a docentes hastiados y desbordados, familias confusas y mal informadas, centros en feroz competencia por meros intereses de mercado, y una sociedad entera que se descohesiona y pone en peligro la calidad de su educación.

La LOMCE reduce el papel de las lenguas autonómicas a asignaturas no troncales sino de especialidad. Comunidades cohesionadas como la catalana podrían ver cómo las familias eligen catalán o castellano como lengua vehicular, cuando su dominio de éste último no desmerece del de las autonomías monolingües. Esta medida aplicada a Navarra podría suponer que cualquier familia eligiera el euskera como vehicular, y quizá eso explique la paradoja de haber visto a nuestro consejero defendiendo ante Wert la inmutabilidad de nuestra ley y los modelos lingüísticos que se derivan de ella.

Pero está en nuestra mano revertir esta situación. Podemos establecer medidas que cambien la mentalidad de nuestros hijos e hijas respecto a las lenguas, desde lo que los sociólogos denominan las élites, desde la TV, el cine, la sociedad en red. También desde un sistema educativo que generalice en el momento adecuado los desdobles, incremente la expresión oral y aumente la atención a la diversidad y promueva los intercambios que sí suponen inmersión. Podemos revitalizar el modelo D y fomentar la extensión a todos los escolares de al menos el modelo A, que convenientemente reforzado, les ponga en el camino del aprendizaje del euskera y de la asunción de la cultura vasca como propia también. Modelo que, aun dejado de la mano de autoridades y hasta de euskaltzales, con una perspectiva comunicativa y sin ocupar el espacio de ninguna otra asignatura, ya produce alumnos que al acabar la ESO obtienen el nivel B1.

Podemos aspirar a una sociedad en la que a los euskaldunes no les pese el pasado de escasa consideración social, monolingüismo oficial y opresión lingüística, de un régimen que paradójicamente impuso la inmersión en castellano en un estado con habitantes gallego, catalán o vascoparlantes. Donde se superen los prejuicios, tópicos, ignorancia de tantos que no tienen ni noticia ni curiosidad por lo vasco. Donde se desideologice el euskera, sin que nadie se lo apropie ni lo rechace. Donde recuperemos la autoestima, reforcemos nuestra competencia lingüística, se haga pedagogía social y aumente la densidad de hablantes. Donde los erdaldunes ayuden, conociendo ese euskera que quizá sus aiton-amonak tuvieron, favoreciendo que sea audible y visible. Donde respetemos y aprovechemos el plurilingüismo de tantas nuevas personas provenientes de la inmigración, y facultemos a todos y todas para la comunicación en las lenguas francas del siglo XXI, sin segregación, con integración, porque es valioso.

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