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Paraíso fiscal (y penal)

   Barcina tiene un plan. Lo desveló Miranda el otro día: convertir esta provincia en la versión pacharanera del paraíso fiscal a donde los ricos del mundo acudirán en tropel a invertir su dinero y sacarnos de la crisis. Los indígenas entonaremos el “sí buana” mientras nuestra educación y nuestra cultura, nuestra sanidad y nuestros servicios sociales se hunden a niveles también caribeños. La reforma fiscal más retrógrada del Estado se va a aprobar con los votos del PSN. Con el dinero que van a esquilmar a las rentas medias y bajas de la Comunidad podrán así tapar algo del descomunal agujero del circuito de Los Arcos que, por cierto, apoyaron también en su día los socialistas navarros. Los datos que volvieron a dar el otro día en la comisión parlamentaria producen simplemente sonrojo. El Gobierno de Navarra lleva enterrados en esta genialidad de Sanz respaldada por Barcina 60 millones de euros públicos en su construcción más 7 millones adicionales de pérdidas desde que entró en funcionamiento. ¿Quién ha ganado con todo esto? Aparte de la hostelería riojana, una empresa unipersonal, Construcciones Samaniego, S.L., que gastó 1,6 millones en el proyecto inicial, privado, y al que el Gobierno de Navarra pagó 33,5 millones a cuenta de la construcción cuando el invento se publicó. Lo de la multiplicación de los panes y los peces, una chorrada. El negocio del siglo no se ha hecho en la bolsa de Londres, sino un poco más allá de Villamayor. Sorprendentemente, todavía no ha actuado de oficio ningún juez o la propia Fiscalía. Que se sepa, nadie está investigando ni desviaciones presupuestarias, ni cuentas bancarias, ni conexiones económicas. Aquí la Justicia sólo enseña pecho para casos de desahucio o por llevar camisetas de Segi. ¿Despilfarro? Por supuesto. ¿Mala gestión? A la vista está. ¿Sólo eso? ¡Anda ya!

Por Aingeru Epaltza, publicado en Diario de Noticias

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El mayor tartazo

    Como los socialistas con Zapatero, a doña Yolanda los suyos la habían metido en el armario esperando a que escampe. Estos días de campaña, a los oradores se les llena fácilmente la boca con palabras como ética, honradez o austeridad, y no era cuestión de que a nadie se le escapara la risa floja de estar presente la presidenta del Gobierno Foral. Es poco ejemplarizante haber estado durando años metiéndote en el bolso un pastón en sobresueldos opacos y tener la jeta de subirte el salario el 33% cuando la opinión pública te ha obligado a renunciar a ellos. La oportunidad llegó el pasado sábado, aprovechando la visita del que todas las encuestas entronizan ya como el nuevo padrino madrileño. Era obligado que Barcina hablara y así lo hizo. Pero no para arrojar luz sobre sus cuentas corrientes. Tampoco para desvelar esa serie de medidas que tiene el gobierno que preside preparadas para el día siguiente mismo de las elecciones: más privatizaciones, más recortes, menos sueldos (los de los otros). No es Rajoy el único que tiene en estos momentos una “agenda oculta”. Barcina habló e hizo lo de siempre, tirar del manual que esta mujer se ha aprendido de memoria: al vasco le has de dar cuando lo tuyo veas peligrar. Por lo demás, puro fuego de artificio. A UPN se la trae tan floja la tal Disposición Transitoria que ni tan siquiera se había preocupado en incluir su derogación en el programa popular. Otra cosa es movilizar a su electorado. Barcina sabe que el próximo domingo no está todo el pescado vendido. Casi todo sí, pero todo no. Ni para ella personalmente, ni para UPN, ni para el gobierno que preside va a ser lo mismo que los diputados que la coalición UPN-PP mande a Madrid sean dos o tres. La presidenta de UPN sabe de sobra que la única fuerza que se lo puede quitar es Geroa Bai. El próximo domingo, el mayor tartazo que podría recibir Yolanda Barcina sería que Uxue Barkos volviera a salir elegida diputada al Congreso por Navarra.

Publicado en Diario de Noticias